San Cristóbal de las Casas está que arde. No sólo son las altas temperaturas que llegaron después de una larga dosis de tormenta, sino la avalancha de acciones que se viene para exigir la liberación de Alberto Patishtán. Muestra de ello es que ni la elevación en el termómetro impide que decenas de indígenas del Movimiento Campesino Regional Independiente (MOCRI), se reúnan este sábado en el barrio del cerrillo, esperando la llegada de uno de sus compañeros líderes: Francisco Jiménez Pablo, quien hasta el 26 de abril pasado era uno más de los rehenes políticos en Chiapas.

 

En la plazuela central, lo reciben con pancarta en mano: “Bienvenido a la libertad”. Y cuando toma el micrófono, parece atraer todos los oídos, los presentes y los que lo escucharán más tarde. En su arenga, refiere que se mantendrá en pie de lucha por el desarrollo de los pueblos originarios, como lo ha hecho desde el viejo año del ’89, ahora fuera de prisión.

 

Jiménez Pablo contribuyó ampliamente en la iniciación del MOCRI, después de haber sido secuestrado y torturado durante días, por los brazos de la represión institucionalizada. Era el año ’91, y cuando lo capturaron, se dirigía en marcha a la ciudad de México para evidenciar la opresión que se producía en Marqués de Comillas, su comunidad, enmarcada en el municipio de Ocosingo.

 

El también dirigente de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala-Movimiento Nacional (CNPA-MN) -a la cual está adscrito el MOCRI- no respira hondo para aseverar que los más recientes gobiernos en Chiapas, han querido otorgarle dinero con tal de que se aleje del movimiento y, con ello, de todas esos motivos que lo impulsan a continuar en este proceso abierto de vida digna para sus hermanos indígenas.

 

Y como no se podía por las ‘buenas’, el perredista Juan Sabines construyó los barrotes que alojarían durante casi tres a Francisco Jiménez. Primero, se fabricaron distintas órdenes de aprehensión en su contra para mantenerlo fuera de Chiapas. Sin embargo, como el hombre insistió en su inocencia y en mantenerse al lado de sus compañeros, el 7 de abril de 2010 participó en una marcha, encaminada a ese sitio (ubicado al centro de la geografía y no a la izquierda) que concentra los poderes en México: el Distrito Federal.

 

Era media tarde, mientras los miembros del MOCRI lanzaban reclamos e informaban de las atrocidades que se cometían en sus comunidades indígenas, cuando al pasar por Tlaxcala un grupo del calderonismo lo interceptó para invitarlo a dialogar a las oficinas de la Secretaría de Gobernación. A su arribo, Francisco Jiménez fue aprehesado de una forma vil, entrampada y no obstante, se le distanció de su familia y su movimiento, enviándolo a un calabozo de máxima seguridad en Nayarit. Allí pasó 53 días en huelga de hambre.

 

A lo largo de tres años, las protestas del MOCRI fueron acercando a su líder, pues posteriormente fue llevado a una cárcel de Morelos y, finalmente, trasladado al penal del Amate, en Cintapala, Chiapas.

 

Bien. Este sábado, durante su bienvenida a la libertad, el compañero Francisco anuncia a quienes lo escuchan y también a quienes no lo pueden hacer, que tendrá un encuentro con Alberto Patishtán en la cárcel cinco, uno de esos sitios con los que se intenta derrocar las esperanzas, y que se mantiene abierta en San Cristóbal de las Casas. Los dos habrán de convivir entre sonrisas, entre hermanos, entre elevadas conciencias. Ambos se dirán lo que han guardado aún de la lucha y se acompañarán a partir de un abrazo.

 

Las palabras de uno de los representantes del MOCRI, José Trinidad, revelan al líder de la Voz del Amate como un hermano de la causa social.

 

Aquí, en esta reunión de bienvenida a Francisco, comienzan las acciones del pueblo que mira de frente a la oligarquía. El pueblo que se acompaña, que se protege, que se hermana. Aquí, en esta reunión, se profundiza el insomnio de los combatientes, porque ya no hay tiempo para el descanso. Aquí, desde esta reunión,  se está arrancando a Patishtán del rincón de las sombras.

 

Y es precisamente por obtener la libertad inmediata de Alberto, que se avecina un vendaval de acciones en este país y fuera de él, cuando se cumplen 13 años de que los tentáculos del sistema secuestraron a este profesor tzotzil. El propio Patishtán convoca a congregarse a las afueras de Bellas Artes, en la ciudad de México, el día 19 de junio. En Chiapas habrá marchas, expresiones culturales, tertulias políticas, proyección de documentales y todo el clamor del pueblo indignado que desde ahora eleva la temperatura del ambiente.

 

VIDEO: “Tumbemos las paredes del calabozo”

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