Caso Patishtán (1 de 2)

Así ha permanecido esta veladora durante los últimos 12 años: prendida, en espera de justicia.

“Siento yo que es injusto que un inocente esté en la cárcel ya 12 años”, señala Héctor, hijo de Alberto Patishtán.

Un altar dedicado a la Virgen de Guadalupe y a San Judas Tadeo, pero también a Alberto Patishtán Gómez, un indígena tzotzil, sentenciado a 60 años de prisión.

“No sólo la familia, sino la sociedad que conoce a mi papá, sabemos de que es inocente”, asegura Gabriela.

Alberto Patishtán Gómez, originario del municipio de El Bosque, en Los Altos de Chiapas, es un profesor bilingüe, acusado de homicidio calificado, portación de armas de uso exclusivo del Ejército y lesiones.

La causa: una emboscada el 12 de junio del 2000, en la cual murieron siete policías y dos personas resultaron heridas.

El argumento de la familia: una venganza por su activismo social.

“A mi papá lo acusaron de esa emboscada que él fue el autor intelectual, por decirlo de alguna manera y lo sentencian a 60 años”, comenta Gabriela.

“Los casquillos que son recogidos horas después de sucedido los hechos, son más de 300 casquillos, el Ministerio Público describe la existencia de más de 10 parapetos, o sea, fue una emboscada previamente planificada. Esto es: hubo mínimo 10 gentes que participaron”, afirma Leonel Rivero, abogado de Alberto Patishtán.

Tras la emboscada, Patishtán fue detenido sin orden de aprehensión, obligado a rendir declaración y sin abogado presente. Fue el único sentenciado, pese a las declaraciones de uno de los sobrevivientes.

“Esa declaración es esencial porque el policía sobreviviente no reconoce a ninguno de los agresores, que los agresores iban vestidos de oscuro y que además iban con el rostro cubierto de pasamontañas”, agrega el abogado.

“No son pruebas suficientes para que el profesor Alberto Patishtán fuera injustamente preso durante estos 12 años”, subraya Rubén Moreno, del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas.

En el contexto de su detención, el profesor participaba activamente en la vida política de su municipio. Denunciaba la aparente corrupción de las autoridades de El Bosque, mismas que lo inculparon sin pruebas.

“Policías judiciales federales que tienen a cargo la investigación de los hechos cuestionan al presidente municipal sobre si él conoce quién podría haber sido el autor de la masacre, lo que el presidente municipal dice: yo considero que Alberto Patishtán puede ser uno de los que están involucrados. Y es más, les entrega en ese momento una fotografía de Alberto, la pregunta es, cómo obtuvo la fotografía el presidente municipal y cómo infiere que Alberto puede ser uno de los autores”, se pregunta el abogado defensor del maestro y activista.

Dentro de las irregularidades en el proceso, no se tomó en cuenta la declaración de 10 testigos que lo vieron antes, durante y después de la emboscada del 12 de  junio del 2000.

“Y ya como a las 10 de la mañana o más tardecito cuando hubo esa emboscada, aquel profesor no tiene que ver nada porque platicamos aquí en Simojovel”, narra Domingo Pérez, un indígena tzotzil.

“Testigos, pero esos testigos en su expediente no se ven”, dice Gabriela, hija de Alberto.

“¿Qué te decían en el MP? Lo mismo, las preguntas, que a qué horas, cómo fue, lo mismo. ¿Hacían una transcripción de tu declaración? No, sólo me preguntaban y ya. ¿Y tú alguna vez viste que lo que declaraste estuviera escrito en algún documento? No, nunca lo vi”, señala Ana María López.

Así fue como Patishtán fue sentenciado a 60 años de prisión. Una causa injusta para toda la comunidad de El Bosque, que  implora y se manifiesta por la libertad de quien es considerado, por organismos internacionales, como un preso de conciencia.

“Es lo que pedimos como movimiento del pueblo, no pedimos más cosas, más que la libertad de Alberto Patishtán Gómez”, dice Martín Ramírez, del Movimiento del Pueblo del Bosque.

Es Patishtán, el “profe” como le dicen; el indígena tzotzil; el activista quien lleva 12 años en prisión, el hombre que padece un tumor en el cerebro y que sólo le permite ver en un 20 por ciento. El ser humano, que sólo espera que la Suprema Corte de Justicia de la Nación pueda liberarlo, como ya lo analiza.

“Nosotros tenemos que revisar si efectivamente estas pruebas son ilícitas y con estas pruebas ilícitas se condenó a este maestro, Alberto Patishtán, a una condena de 60 años de prisión”, explica la ministra de la Corte, Olga Sánchez Cordero.

Y en eso radica la confianza de todo un pueblo y su largo camino hacia la justicia.

“Fe siempre he tenido, pues ya veremos si en verdad en México existe la ley y la justicia como dicen”, opina Héctor, otro hijo de Alberto Patishtán.

http://noticierostelevisa.esmas.com/especiales/538125/caso-patishtan-1-2/

Anuncios