8 octubre, 2012Publicado en: Nacionales, Recientes

Los Llanos, Chis., 7 de octubre. Francisco Santiz López lleva preso lo que va del año, acusado de cargos que ya el juez determinó infundados. Si permanece como reo en esta cárcel estatal número cinco es por evidente consigna. ¿Tendrá qué ver que es base de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional? ¿O sólo que los caciques priístas de Banavil y Tenejapa son tan poderosos que pueden doblegar a la justicia estatal y federal con sobornos y pruebas groseramente fabricadas?

No parece existir otra explicación para que este hombre de 54 años, vendedor de frutas en la cabecera municipal de Tenejapa, donde reside con su familia, y es base de apoyo zapatista (pero no miliciano, apunta) desde 1992, permanezca en el Centro Estatal para la Reinserción Social de Sentenciados (CERSS) por cargos de los que fue absuelto hace seis meses (y por tanto no es un sentenciado).

No es que Francisco Santiz sea un preso oscuro ni desconocido. Cuenta con simpatizantes convencidos de su inocencia en más de 20 países que van de Sudáfrica a Japón, del extremo sur argentino a las alturas de Noruega. Así como lo ven con su gorra de beisbol y su acompasado silencio, es un hombre famoso. Fuera de la cárcel no está solo. Tampoco adentro: pertenece al plantón de presos organizados de la otra campaña,que luchan como él por salir libres, pues eso sería lo justo. También ellos son renombrados, al menos en ese mundo de la solidaridad internacional, pero no tanto como Francisco, quien junto con Alberto Patishtán (quien estaba en este plantón hace unos días) es reconocido como emblemático de la lucha por la justicia y contra la discriminación. Ambos ponen en evidencia cómo es que en Chiapas indígenas inocentes acaban presos.

Santiz López fue acusado en diciembre de participar en hechos violentos registrados en la comunidad de Banavil, donde resultaron muertas dos personas. Seis familias tzeltales fueron expulsadas y a la fecha están refugiadas en San Cristóbal de las Casas.

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas (Frayba), que ha llevado el caso, señaló recientemente que en el auto de formal prisión el juez primero federal en Chiapas no valoró los testimonios de autoridades ni testigos que refieren que la detención ocurrió en la cabecera municipal, y que Francisco no se encontraba en Banavil en el momento de las agresiones. Tampoco se demostró que hubiese accionado un arma de fuego.

Actualmente, explica el Frayba, Francisco se encuentra acusado por el delito de portación de arma de fuego de uso exclusivo del Ejército y fuerzas armadas, mientras los cargos de homicidio y lesiones calificadas se desvanecieron el 22 de marzo, al extinguirse la acción penal por desistimiento del Ministerio Público.

Así, Santiz López fue notificado de su liberación, y cuando salía del penal llegó una apresurada nueva acusación, basada en pruebas aportadas por los mismos caciques que en diciembre testificaron en falso y habrían sido causantes de los dos homicidios en Banavil. Apenas oportuna fue esta acusación para cogerle a Francisco el pie que ya tenía en la calle y regresarlo a su celda; o más bien al plantón entre sus compañeros, quienes hoy, con sus visitantes dominicales, le cantaron con guitarra las mañanitas por su cumpleaños.

Un brazo no es suficiente prueba

Las armas que prueban el nuevo cargo pertenecen a los caciques Alonso López Ramírez y Agustín Méndez Luna (ex presidente municipal de Tenejapa), y a sus seguidores. Serían las mismas con que éstos agredieron a los hoy desplazados de Banavil. El gobierno estatal ya indemnizó a los agresores por la muerte accidental de uno de los suyos. Del muerto de los expulsados fue localizado un brazo en el monte, el resto desapareció, pero ese crimen nadie lo investiga. Un brazo no es suficiente cuerpo del delito, les dijeron en el juzgado a sus deudos. A diferencia de sus compañeros presos, Francisco habla poco pero está convencido de que lo hicieron pedazos.

Hermann Bellinghausen

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