Por Paula Carrizosa

Publicado en La Jornada del Oriente

Como parte de un movimiento internacional y con el apoyo del Movimiento de la Justicia del Barrio de Nueva York, los adherentes a la Otra campaña organizaron el acto cultural “Tumbar las paredes del calabozo”, que tuvo como sede el zócalo, y que contó con la exhibición de una serie gráfica sobre el zapatismo y la proyección de un par de videos sobre el tema.

En particular, expresó Mario Martínez, miembro del Colectivo de Arte Independiente (Cain), el acto tuvo una exigencia: la liberación de Alberto Pathistán y Francisco Santiz López, dos indígenas tzotziles que fueron apresados y llevados lejos de su comunidad. El primero, explicó, está actualmente en una prisión de Sinaloa, donde padece una grave enfermedad; mientras que el otro está desde hace seis meses en una cárcel de Chiapas.

Sobre el Movimiento de la Justicia del Barrio de Nueva York, señaló que es un grupo que nació a partir de los acosos que sufrían los migrantes mexicanos en esa ciudad, quienes no podían rentar un departamento debido a la negación de sus dueños. Tras una pelea legal y de derechos humanos, el grupo logró acceder a los espacios y pugnar porque otros latinoamericanos pudieran hacer uso de ellos.

Sobre la exposición que se realizó en el zócalo, Mario Martínez señaló que desde que se gestó la Otra campaña el “arte ha sido nuestra única arma para denunciar y evidenciar las realidades de las comunidades zapatistas”.

En las imágenes gráficas, de pequeño, mediano y gran formato, se mostraron los rostros, las demandas, los espacios y las formas que ha adquirido el Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Con el apoyo de otros dos colectivos, Yollotlanemistli y Cholollan, el colectivo Cain ofreció otro tanto de piezas gráficas que han formado parte de anteriores exposiciones y trabajos académicos.

Lamentó que el arte con contenido y denuncia social no esté valorado por el público, y mucho menos por los propios artistas o por la crítica. “Aún entre colegas, muchos prefieren seguir de largo ante la obra, ya que consideran que no tiene valor”, acotó Martínez, artista gráfico formado en el Instituto de Artes Visuales del estado.

“El arte actual tiene un valor de cambio y no es posible entenderlo de otra forma. Su valor estético no existe, y para muchos las piezas no son otra cosa más que un objeto símbolo de glamour”, consideró.

Por ello, en el afán de volverse ese lado de crítica y cercanía con lo social que es característico en el arte gráfico, el colectivo Cain comenzará, en breve, con un proyecto de difusión y acercamiento de la disciplina.

Se trata de poner al alcance de la gente –lejos de la presunción y la lejanía que a veces significa una galería o un museo para el común del público–, algunas piezas gráficas en gran formato en paredes de colonias populares y unidades habitacionales de la ciudad.

Aunque para el colectivo representa un gasto, ya que se colocarán los grabados que resultarán de placas originales, es una forma que “la gente aprecie el arte y que este vuelva a las calles”.

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